viernes 2 de octubre de 2009

LA POLITICA YANKI Y LAS INTERVENCIONES MILITARES

Por Immanuel Wallerstein
Diario La Jornada, México.
Traducido por Ramón Vera Herrera

En las últimas semanas hay un marcado aumento de llamados, procedentes tanto de los demócratas liberales como de los republicanos conservadores, que piden algún tipo de pronta "estrategia de salida" de Afganistán. Esto ocurre en el justo momento en que el general Stanley McChrystal, comandante estadounidense en Afganistán, y el secretario de Defensa, Robert Gates, están a punto de recomendarle formalmente al presidente Obama que incremente los compromisos de las tropas estadounidenses allá.

No hay nada seguro, pero la expectativa general es que Obama acceda a esto. Después de todo, durante las elecciones dijo que consideraba un error la intervención estadounidense en Iraq y que quería una retirada pronta. Una de las razones que dio fue que eso había evitado el envío de suficientes tropas a Afganistán. Ésta era una versión del concepto de "mala guerra, buena guerra". Iraq era una "mala" guerra, Afganistán era una guerra "buena".

Parece que ha habido mucho debate en el círculo interno del presidente Obama en torno a si es prudente escalar los compromisos militares estadounidenses en Afganistán. Se dice que el principal oponente al escalamiento de tropas en Afganistán es nada menos que el vicepresidente Biden. A éste siempre se le ha considerado un halcón demócrata. Así que, ¿cómo es que ahora es él quien se opone a la escalada de tropas? Se dice que la razón es que considera que Afganistán es un pantano irremediable y que invertir tropas ahí impediría que Estados Unidos se concentrara en la zona realmente importante: Pakistán. Así que he aquí una nueva versión de la doctrina de una "mala guerra y una buena guerra". Afganistán se vuelve una "mala" guerra. Pakistán es la "buena guerra".¿Por qué es tan difícil para Estados Unidos zafarse de intervenciones militares que tan patentemente está perdiendo? Algunos analistas de izquierda, en ese país y en otras partes, dicen que ocurre porque es una potencia imperialista y por tanto se involucra en intervenciones militares con el fin de mantener su poder económico y político en el mundo. Esta explicación es bastante insuficiente, por la sencilla razón de que Estados Unidos no ha ganado una confrontación militar importante desde 1945. Como potencia imperialista, ha mostrado una gran incompetencia en conseguir sus objetivos.

Consideremos las cinco guerras en que Estados Unidos ha comprometido grandes cantidades de tropas desde 1945. La mayor –en términos de número de tropas, costos económicos e impacto político– fue Vietnam. Estados Unidos perdió la guerra. Las otras cuatro fueron la de Corea, la primera guerra del golfo, la invasión de Afganistán y la segunda invasión de Iraq. La guerra de Corea y la primera guerra del golfo fueron empates políticos. Terminaron en el punto exacto en que comenzaron. Es claro que Estados Unidos está perdiendo la guerra en Afganistán. Creo que la historia juzgará también la segunda invasión de Iraq como empate. Cuando por fin se retire Estados Unidos, no será más fuerte políticamente que cuando se metió –de hecho es probable lo opuesto.

Así, ¿qué impulsa a Estados Unidos a involucrarse en acciones de tal derrota política propia, especialmente si uno piensa en Estados Unidos como una potencia hegemónica que intenta controlar al mundo entero para sacarle ventaja? Para responder a esto, debemos echar una mira a la política interna de Estados Unidos.Todas las grandes potencias, en especial las hegemónicas, son intensamente nacionalistas. Creen en sí mismas y en su derecho moral y político de afirmar sus (así llamados) intereses nacionales. La abrumadora mayoría de sus ciudadanos se considera patriota, y busca que esto signifique que su gobierno debe, de hecho, afirmarse vigorosa y si es necesario militarmente en el ámbito mundial. Desde 1945, el porcentaje de la población que en Estados Unidos es, por principio, antiimperialista, es políticamente insignificante.

La política estadounidense no se divide entre simpatizantes y opositores del imperialismo. Se divide entre los que son fuertemente intervencionistas y quienes creen en la "Fortaleza América". A los últimos solían llamarlos aislacionistas. Los aislacionistas no son antimilitares. De hecho, tienden a darle fuerte respaldo a invertir financieramente en fuerzas militares. Sin embargo, son escépticos en cuanto a utilizar estas fuerzas en lugares lejanos.

Por supuesto, hay toda una gama de posiciones intermedias entre los extremos de esta hendidura. El asunto crucial es que casi ningún político está dispuesto a llamar a una reducción seria en los gastos militares estadounidenses. Es por eso que muchos de ellos entran a distinguir entre "una guerra mala y una guerra buena". Justifican la reducción de los militares en las guerras "malas" y sugirieren que hay otros mejores usos para los militares. En este punto, debemos analizar las diferencias entre los partidos Demócrata y Republicano al respecto de estas cuestiones. El ala aislacionista del Partido Republicano fue muy fuerte antes de la Segunda Guerra Mundial, pero desde 1945 se ha vuelto muy pequeña. Desde 1945 los republicanos han tendido a hacer llamados en pos de inversiones mayores en aspectos militares y es común que argumenten que los demócratas han sido muy "suaves" en cuestiones militares.

El hecho de que los republicanos hayan sido muy inconsistentes al respecto no parece haber afectado su imagen pública. Por ejemplo, cuando el presidente Clinton quiso enviar tropas a los Balcanes, los republicanos se opusieron. No tuvo importancia. El público estadounidense parece tomar a los republicanos, en su palabra, como halcones patriotas, no importa lo que hagan.

Los demócratas tienen el problema contrario. Ha habido una gran cantidad de libros con argumentos creíbles que muestran que los gobiernos demócratas han estado más dispuestos que los gobiernos republicanos a involucrarse en intervenciones militares en el extranjero (por ejemplo Corea y Vietnam). No obstante, los republicanos denuncian constantemente a los demócratas por ser "palomas" en sus puntos de vista militares. Es cierto que una gran minoría de votantes demócratas ha sido, de hecho, "paloma", pero esto no es el caso de un gran número de políticos demócratas. Estos políticos siempre han estado preocupados de que sus votantes los consideren "palomas" y se vuelvan en su contra por esa razón.

Los demócratas por tanto, casi siempre han utilizado la línea de "la mala guerra y la buena guerra". Eso no le ha hecho mucho bien. Los demócratas parecen estar atrapados en la etiqueta de ser menos machos que los republicanos. Así que la cuestión es sencilla. Cuando Obama hace sus decisiones sobre estos asuntos, no es suficiente que él analice si hace sentido en términos militares o políticos que haya una escalada de tropas en Afganistán o no la haya. Por encima de todo, él se preocupa de que él, o más ampliamente el Partido Demócrata, sean etiquetados de nuevo como "capitulantes", de "palomas", como los que han "perdido" países a los enemigos –a la Unión Soviética en los viejos tiempos, a los "terroristas", hoy.

Entonces es probable que Obama envíe más tropas, y la guerra de Afganistán entrará en el sendero de la guerra de Vietnam. Sólo que, para Estados Unidos, el resultado será peor, porque no hay un grupo oponente, racional y coherente, ante quien perder la guerra –que permita a los helicópteros estadounidenses retirar sus tropas sin dispararles. Alguna vez que Bertold Brecht se puso cínico o se enojó con los regímenes comunistas, les dijo que, si el pueblo se rebelaba contra su sabiduría, debían "cambiar al pueblo". Tal vez es lo que Obama necesita hacer –cambiar al pueblo, su pueblo. O tal vez, con el tiempo, el pueblo se cambie a sí mismo, y si Estados Unidos pierde muchas más guerras, sus ciudadanos se despierten dándose cuenta que las intervenciones militares estadounidenses en el extranjero son gastos militares increíblemente grandes en casa y no son la solución a sus problemas, sino el mayor impedimento para la supervivencia y el bienestar nacional estadounidense.

ABIMAEL GUZMÁN Y ELENA IPARRAGUIRE NO SE VERÁN

Publicado por: Diario el Comercio

Número dos de Sendero Luminoso buscaba encuentros personales con Abimael Guzmán, pero sigue casada con otra persona.

La jueza del Quinto Juzgado Penal de Lima, María del Carmen Bless Cabrejas, rechazó el hábeas corpus formulado por la número dos del grupo terrorista Sendero Luminoso (SL), Elena Iparraguirre, contra el jefe del Instituto Nacional Penitenciario (Inpe), Jorge León Ballén.

La demanda de Iparraguirre fue entablada por la prohibición del Inpe de permitirle tener reuniones personales con su pareja sentimental y líder de SL, Abimael Guzmán Reynoso.

Bless Cabrejas señaló que los encuentros no proceden debido a que Iparraguirre mantiene la condición de casada con Javier Verástegui Lazo, pese a acreditarse la convivencia con Guzmán.

No obstante, Verásteguí Lazo envió un documento (Resolución Judicial N°15 del 19° Juzgado de Familia de Lima del 25 de mayo de 2009) a la redacción de elcomercio.pe en la que se indica que él se encuentra divorciado de Iparraguirre Revoredo.

CONDENADOS DE POR VIDA

Iparraguirre se encuentra recluida en el penal de máxima seguridad de mujeres de Chorrillos, mientras que Guzmán permanece en la Base Naval. Ambos fueron condenados a cadena perpetua.

“(La decisión) no constituye una medida transgresora de los derechos fundamentales invocados, toda vez que la recurrente mantiene un vínculo matrimonial con una tercera persona”, refiere en un comunicado de prensa la Corte Superior de Lima.
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PRESOS POR TERRORISMO NO PODRAN ACCEDER A BENEFICIOS PENITENCIARIOS

(Andina): Publicado por Diario el Comercio

El pleno del Congreso aprobó el dictamen por 42 votos a favor y seis abstenciones. La iniciativa había recibido el respaldo del Ejecutivo

Con la finalidad de contribuir a la derrota total de los rezagos de la subversión en el país, el pleno del Congreso aprobó el dictamen que elimina los beneficios penitenciarios para los sentenciados por terrorismo.

El presidente de la Comisión de Justicia del Congreso, Rolando Sousa, explicó que la ley aprobada elimina el beneficio de 7 días de trabajo por uno de pena, así como la libertad condicional.

“A partir de la entrada en vigencia de esta ley los terroristas no tienen beneficios penitenciarios”, subrayó.

Souza justificó la necesidad de aprobar esta iniciativa señalando la urgencia de evitar que los rezagos del terrorismo sigan fortaleciéndose gracias a la liberación de subversivos que consiguen la libertad debido a los beneficios penitenciarios.

Asimismo, el legislador consideró injusto que los condenados por subversión tengan beneficios penitenciarios, mientras que los miembros de las Fuerzas Armadas no cuentan con esa ventaja.

"Había una disparidad absoluta; sabemos que las Fuerzas Armadas, por ejemplo, no tienen ningún beneficio penitenciario. Esto se acabó el día de hoy”, subrayó.

En el debate del dictamen se acordó incluir un párrafo para que quienes recibieron los beneficios penitenciarios, puedan acceder a ellos solo hasta la fecha de aprobación de la norma.

Este dictamen fue aprobado por 42 votos a favor y seis abstenciones.

La iniciativa había recibido el respaldo del Ejecutivo a través del Jefe del Gabinete, Javier Velásquez, quien consideró necesario castigar con severidad a quienes incurrieron en un delito tan grave como el de terrorismo.

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